El personaje de hoy es Laura Dekker, una neozelandesa de 13 años que quiere batir el récord de ser la persona más jóven en dar la vuelta al mundo en velero en solitario.
Pero por ahora la situación quedó en un sueño adolescente. Porque a pesar de que los padres autorizaron el viaje, hubo una denuncia al Consejo para la Protección de Menores y un tribunal de Holanda dijo que no es prudente dejarla hacer ese viaje. Además decidió dejarla bajo la tutela del Estado por dos meses y con una psicóloga tratando el caso de cerca.
El trabajo de la psicóloga sería ver si ese viaje no frenaría su desarrolo y si está en condiciones de embarcarse en una aventura de semejante calibre. Porque “al viajar en solitario durante dos años (que es lo que duraría el viaje), las necesidades básicas de esta adolescente no se cumplirían”, dijo uno de las autoridades.
Lo cierto es que Laura nació en un velero (mientras sus padres también daban la vuelta al mundo), vivió los primeros 4 años de su vida a bordo, a los 6 años ya sabía navegar, y desde los 10 empezó a hacerlo en solitario. Por eso hoy tanto ella como sus padres creen que está preparada para un viaje así.

Mientras tanto ella ya tenía el barco preparado, la ruta planeada, y hasta un blog personal (con sponsors y todo) que pensaba ir actualizando en el camino, porque el viaje arrancaba en Septiembre. Pero por el momento, y al menos por dos meses, la idea queda suspendida.
El actual récord mundial en el asunto es de un jóven que a los 17 años terminó el viaje. O sea que, sacando cuentas, tiene que haber salido entre los 14 y 15, no mucho tiempo después.
Por un lado me choca la idea de ponerle un tribunal, una psicóloga, y demás, como si la chica estuviera loca por querer viajar, pero por otro me parece totalmente entendible que se priorice su seguridad.
Porque aunque es cierto que un viaje “abre la mente” y nos hace crecer, reflexionar y hasta madurar, también es verdad que la piba tiene 13 años y el que planea es un viaje de 45.000 kilómetros, con por lo menos 2 años de duración, mucho tiempo a sólas, y una lista de peligros considerables.
La idea de “arriesgar lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño” contra la de “priorizar la seguridad y la vida de una adolescente” se están matando a golpes en mi cabeza y todavía no sé cuál gana.
Por algo no soy ni juez ni padre, supongo.















